jueves, 31 de mayo de 2012

Para vivir en fraternidad





Sin ánimo de ofender a nadie, pero es lo que me ha dictado mi corazón por amor a Jesús, a María y a San Francisco.

Propuesta para vivir en fraternidad

“… Dios, concédenos por ti mismo a nosotros, miserables, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purgados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti…” (CtaO 50-52)

“Los hermanos… están obligados a llevar una vida radicalmente evangélica en espíritu de oración y devoción y en comunión fraterna; dar testimonio de penitencia y de minoridad; y abrazando en la caridad a todos los hombres, anunciar el Evangelio al mundo entero y a predicar con las obras…”[1] (Cfr. Art 1,2 CCGG.)


El centro de la vida es Cristo, su Reino. No se puede vivir sin Dios, y todos los proyectos, cualesquiera que sean, no pueden dejar de lado ese centro. El mundo vive al margen de Dios, y nuestro testimonio es mostrar con nuestra vida que sin Él se vive equivocado; sin ese eje, sin ese que nos da la felicidad completa y total: el gozo desde las entrañas. Es con Dios que todos los proyectos y quehaceres producen gozo; al margen de él podemos hallar breves alegrías que terminan enfrentándonos con la sensación de pesar, de fracaso, de vacío existencial, de des-gracia, que podemos ver reflejado en el mundo y su hondo hastío. El Mundo está desabrido de Dios, y debemos ser sal ahí donde no hay sabor a nada. Mostramos así al mundo que el camino del gozo se encuentra en no caminar al margen de Dios… actuar para trasparentarlo en nosotros; este es un eje, este es un norte. No privar a los que puedan estar más desfavorecidos, de su derecho a ver, entre ellos, signos y “presencia” del Reino; de que aún “hoy” a ellos involucra la Bienaventuranzas.

Llamados a ver la creación con ojos limpios.

Ante los desajustes del mundo; las formas de vivir, las ofertas de vida; los agobios laborales; el mercantilismo; la desigualdad; el sin sentido; en suma: la falta de Dios.

Los franciscanos tenemos mucho que decir sobre esto (y ante esto). Mucho por hacer, por cambiar; [miras a la restructuración].

Ver la creación con ojos limpios.

Para nosotros Dios no está al margen de nada y lo que nos rodea es creación que “gime como dolores de parto”…


MENORES

Vayan… como siervos y sometidos a todos, pacíficos y humildes de corazón.

Concientes de que cuanto el hombre es delante de Dios tanto es y no más…

… Adopten los hermanos la vida y condición de los pequeños de la sociedad, morando siempre entre ellos y en esa condición social… Condúzcanse que nadie se sienta distanciado de ellos, sobre todo los que de ordinario se encuentran más desprovistos…

… den los hermanos, con el ejemplo de su vida patente testimonio contra los falsos valores de nuestro tiempo[2]. (Cf. Art 64 al 67 Constituciones Generales)

Porque la minoridad colorea todos los demás valores religiosos, haciéndolos franciscanos. La minoridad se nos hace no negociable; Uno se hace menor en el encuentro diario con Dios en la oración, SE DARÁ PRIORIDAD AL CLIMA DE ORACIÓN EN TODO MOMENTO.

Mediante la minoridad realizamos nuestra misión en el mundo; Compartir la condición de vida de los pobres, es signo del Reino y no necesita otra justificación para que sea misión[3].

No podemos dejar en segundo lugar la pobreza, no los franciscanos… Vivir en pobreza es siempre una "novedad", novedad que no se puede encasillar.

Se hace necesario diferenciar la pobreza de la precariedad total y falta de seguridad, de la indigencia; a la vez que evitar la tentación de, por falsos matices, descuidarla.

“Jesús no se contenta con inculcar la liberación espiritual de la sujeción de los bienes, mira a un compromiso que se traduce en renuncia”. Una opción voluntaria de la pobreza, es la reiterada invitación de Jesús a la confianza en el amor providente del Padre.

… Debemos vivir como proponemos que se viva.

Debemos Restituir a los “pobres”, por un lado lo que las sociedades y el mundo les han quitado: la dignidad. Y por otro lado, debemos Restituirles lo que nosotros -por decirlo así- le hemos quitado: los beneficios de llamarse “pobres”; gozamos de los beneficios pero rara ves nos vemos salpicados por sus desventajas, (la marginación social, la necesidad de alimentos, con las largas colas de espera para una atención que quizás nunca llega, etc.…) y perdemos la noción [y contacto] de ello porque gozamos de la buena parte, la cara buena de llamarnos “pobres”: la gente nos da alimentos, nos cocinan postres, dulces, y más aún, nos los dan con cariño y con el gozo de fiarse de nuestra “necesidad”… Ese “buen nombre”, ese “recibir siendo bien vistos”, no con desprecio; nos lo hemos apropiado, de algún modo, de los pobres-pobres… nosotros debemos restituirles lo que hemos “tomado de ellos”: los beneficios de llamarnos pobres.

. Queremos no descuidar la pobreza de bienes materiales, no solo de austeridad personal, sino también de solidaridad con los desfavorecidos, en poner a disposición de los demás lo que recibimos, como don de Dios.

. Buscamos acercarnos al modo de entender la pobreza que se vincula a la minoridad, que es una actitud alternativa a la mentalidad de conquista y de éxito a toda costa que nos propone nuestra cultura. Porque las pequeñas cosas, insignificantes para cambiar "las cosas", son sensibles para los demás, y se transforman en signos que expresan en lenguaje de los signos; esas pequeñas cosas son lenguaje de los signos[4].



NO SE APROPIEN

Los edificios que para los hermanos se construyen y todas las cosas que éstos adquieren o usan estén en consonancia con la pobreza, según las condiciones de lugares y tiempos.

Los bienes... han de compartirse con los pobres. (Cfr. Art. 72 CCGG.)

En la perspectiva del Reino, y mirando a un compromiso que se traduce en una renuncia, buscamos una Fraternidad donde se abra la puerta – literalmente –, restituyendo y compartiendo, (nuestro comedor a quien se acerque a pedirlo; ropa a quien venga a buscarla; capaces de acoger, incluso, a los que se quedan en la calle porque les embargan la casa[5]), o pre-Ocupándonos en la necesidad de alternativas.

Reconociendo que nuestras instituciones tienen necesidades que no permiten identificarse con el mundo de los pobres[6]

Porque no hay que  acostumbrarse a desinteresarse por el sufrimiento del otro.

No nos acostumbremos a la mano fácil que sacude y dice ‘gracias, a mí no me tocó’. Somos hermanos también en el dolor y como hermanos miramos el cielo y nos preguntamos por qué

. Será necesaria una vivienda austera, si no la hubiera, se adquiriría en alquiler como signo de itinerancia. Se buscará limitar el uso de la misma como un medio, y no como un bien propio.

. Se buscará asimismo la austeridad tanto en la cantidad y calidad de bienes, como en su estética, (válido para todos los ordenes de la vida comunitaria)

. Una fraternidad que puede ser vivida en todos los ámbitos.

. Se buscará habitar en una Morada “entre/cerca” (o no alejada) de las casas de la gente. Cerca de la posibilidad de contemplar la naturaleza; Cerca de un Barrio pobre; o en un Barrio Pobre; [Cerca de una “Villa Miseria”-Fabela-Chavola- con acceso a ellas, sin excluir la inmersión en ellas]; Entre gente sencilla y pobre. (Ad Gentes)

. Es difícil evitar el uso de contratos para bienes inmuebles, las casa son objetos pero los seres humanos no. Evitamos todo tipo de contrato que implique más directamente a la persona, (si bien no siempre es factible con los inmuebles); que nos ate a tener preacordado o pre-estructurado un pago, sea con banco o similar.

(Uso del móvil [celular]: Porque más allá del dinero está el “identificarnos con los pobres”, “restituir”.
Utilizar el móvil “sin contrato” aunque pueda ser menos económico a nivel de dinero, la economía de la persona no la encontramos “según el mundo”, y así el uso del móvil como un bien “no ata”, ni a un lugar, ni a bancos, ni ata a necesitar que algún fraile se ocupe de “gestiones” y “burocracias” que ya de por si sobran. Como lo económico no es lo prioritario ni lo que marca ni rige nuestra vida, la “economía” no la encontramos en “preservar el dinero”, sino “al fraile, a la persona”, encontramos la ganancia en la liberación –desapropiación- tanto para la movilidad propia de cualquier hermano, como no necesitar declarar un lugar postal donde recibir una factura a pagar, ni un supuesto dinero mensual necesario para costear la factura; sino, como los pobres, utilizarlo y recargarlo como la economía del momento lo posibilite; siempre en consonancia con “los pobres del lugar”, [y no con su clase media]).

La opción voluntaria de la pobreza, es producto de la reiterada invitación de Jesús a la confianza en el amor providente del Padre.

. Para informarnos de la realidad de la gente, del  lugar donde vivimos, de los países y del mundo, utilizamos los periódicos y la información compartida con la propia gente, fomentando la escucha, el compartir, la fraternidad, tanto dentro como fuera; con la gente en todo ámbito cotidiano, y fomentando el compartir la información, el debate y la preocupación social, por la gente y el mundo.

Nos informamos y compartimos en las sobremesas, sala de la comunidad, y especialmente momentos y días de recreación.

. No utilizamos empresas o cadenas de empresas que transmiten canales prepagos de televisión; empresas de canales de cable, o empresas de canales prepagos.

Si hubiere un televisor, debe ser censillo y simple como medio para el día de recreación (ver película o documental etc.). No usamos televisor de manera diaria ni cotidiana, el medio de información principal es el periódico y el contacto con la gente.

. Si hubiere Internet en la casa, utilizamos Internet en un lugar dispuesto como uso común, evitando aislamiento, dispersión negativa y evitamos sea objeto de tentación mermando y desaprovechando sus utilidades, principalmente de comunicación e información, removiendo todo impedimento y posponiendo toda preocupación e inquietud, para que nada impida servir y adorar al Señor Dios con corazón limpio y mente pura.[7] Haremos uso moderado de Internet.

. Buscamos discreción en el uso de los medios de comunicación social[8].

. Privilegiaremos los medios de transportes públicos, tanto por austeridad, por sencillez, por ser un medio eficaz de contacto con la realidad más cotidiana de la gente, de la cultura donde se vive, de la misma economía de la gente sencilla, etc.

. Si hubiera vehículo se prefiere furgoneta o camioneta, destacando la practicidad y utilidad antes que la comodidad, y deberá ser acorde a la sencillez de la Regla y buscando la veracidad y coherencia de Vida, (sea propio o ajeno, prestado o regalado); Y se utilizaría en los casos que sea realmente justificado [buscando la común fraternidad, evitando posibles autoengaños].

. No utilizamos personal de cocina. No contratamos mujer u hombre para la cocina. Donde los hermanos estemos comeremos y cocinaremos lo que nos permitan nuestros tiempos, y si el trabajo fuese extenso y privara de cocinar, nos proporcionaríamos bocadillos o todo aquello de lo que se sirven las personas comunes y corrientes que trabajan y no pueden permitirse contratar una persona para su cocina; no puede cocinarse; ni mantener empleados.

. No contratamos gente para el planchado y lavado de la ropa personal de cada Fraile.

. Todos los trabajos domésticos: cocina, lavandería, limpieza de la casa y su entorno, compras, (huerto o Jardín si lo hubieran)… serán realizados solidariamente por los hermanos[9] según tiempos y distribución de la propia fraternidad.

“Yo, el hermano Francisco, el pequeñuelo, quiero seguir la vida y pobreza del altísimo Señor Jesucristo y de su santísima Madre, y perseverar en ella hasta el fin.”[10] (UltV 1s)

. Procuramos practicar la revisión comunitaria, con la crítica y la autocrítica, con la corrección fraterna y comunitaria; con la confrontación de nuestra vida con la Palabra de Dios y con elementos fundantes del espíritu franciscano.[11]

. En la vida de la Fraternidad se dará especial importancia a todo aquello que favorezca compartir la fe poniendo en común el principal bien que ha convocado a los Hermanos: Dios, viviendo en comunión agradecida cuanto el Señor dice y hace en ellos (cfr. Adm2. 8.20)[12]

. Tomamos tiempo para hablar, contar, compartir [dialogar]

Buscamos “expresar” y generar espacios para la relación y fomentar espacios para la “expresión” en la comunicación de los hermanos; una estructura que fomente tiempos fraternos.

. Buscamos aceptarnos en la diversidad.

. ORACIÓN

Uno se hace menor en el encuentro diario con Dios en la oración, la oración al Señor en todo momento. Se da principal prioridad al clima de Oración en todo momento.

. La celebración Eucarística es el centro de la vida y lo más importante del día. Se celebra diariamente y en fraternidad.

. No se tendrá Parroquia propia, Se tendrá Capilla donde realizar las Celebraciones de la Misa, adoración Eucarística; o Se celebrará en la Iglesia Parroquial del lugar, (según Ordinario del Lugar y Párroco) y en colaboración con el mismo.

. La función de Sacristán no será el centro y eje de la vida de los hermanos ni de la fraternidad. La función de Sacristán la desempeñará libre y responsablemente el hermano que se sienta llamado a ello por vocación del Señor. La fraternidad se responsabilizará igualmente del cuidado respetuoso de las Liturgias y celebraciones.

. Se colaborará ocasionalmente con la Iglesia local, en el área sacramental y formativo-catequética con jóvenes y adultosId 13.

. Una Fraternidad donde la capilla sea frecuentada, no solo por los frailes, sino abierta para compartir la adoración y la Eucaristía[13]. (Ad Gentes)

. Los Hermanos se dedicarán al acompañamiento espiritual (laicos, jóvenes, sacerdotes, religiosos y religiosas), como algo central en el proyecto comunitario de vida y misión[14].

. Se celebrarán comunitariamente en fraternidad todas las horas de la liturgia, con una sola hora intermedia.

. Se dedicará, como mínimo, una hora diaria a la oración personal.

. Se tendrá tiempo para adoración Eucarística, mínimo una vez a la semana, que será acordado por la fraternidad.

. Se realizará Lectio Divina en fraternidad semanalmente.

. Un día al mes se utilizará como día de desierto, para evitar que el trajín cotidiano apague el fuego de la oración y alimentar y avivar el encuentro personal y espiritual con el Señor.

. Especial atención a la oración personal y la relación con Dios; Y una visible confianza en la Providencia.

. Diariamente se tendrá una lectura de los Escritos de San Francisco, santa Clara, y Fuentes Franciscanas. [Podría ser antes del espacio de meditación luego de Laudes]


Dondequiera que se hallen los hermanos y cualquiera que sea la actividad que realicen, dedíquense a la tarea de la evangelización (CC.GG. 84)

Para esto os ha enviado dios al mundo entero. Para que de palabra y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro omnipotente sino Él. (2R 5,1-2)

. Que la gente al vernos vea como Dios cambia una vida. [La mayor evangelización es “venid y veréis[15]]

. Nuestra vida es vivir el Evangelio. Retomar, Revivir la intuición de San Francisco.

. Nos damos a conocer utilizando el Signo que nos identifica y anunciando nuestro modo de vida[16], con obras y palabras.

. Se valorarán los trabajos de carácter artístico (y otros no vinculados directamente con el ministerio sacerdotal o el estudio de las ciencias sagradas)Id 13; pues el arte es medio y lenguaje idóneo para que se exprese el alma.

. Priorizamos la calidad de trabajo fraterno [misión] por sobre la cantidad.

. Los hermanos tendremos al menos una pastoral [atención enfermos, niños, ancianos, pobres, acilos, hospitales, problemas de drogodependencia y alcoholismo, visitar cárcel, etc.]; evitando ociosidad y fomentando el servicio; y nos motivaremos a compartir en común las experiencias para el enriquecimiento personal y fraterno.

. Se tendrá especialmente presente los pequeños paseos, (salidas por barrios, pueblos), donde podamos dar –y darnos- la posibilidad de hacer visible nuestra vida fraterna, nuestro diálogo, nuestro contacto con la gente y el mundo, y se refiera más frecuentemente la experiencia de Dios[17]; y no correr el riesgo de terminar ocultando todo ello debajo del candelero.

.También es una Fraternidad misionera e itinerante, visitando incluso, si es posible, los pueblos cercanos[18].

. Se tendrá en cuenta la necesidad de un espacio para acoger a los padres no-validos de los Hermanos de la fraternidad que se encuentren en sus hogares paternosId 12, privados de la vida fraterna a la que fueron llamados, y posibilitando una digna y fraterna atención a los padres que lo necesiten.



Hno. Estudiante Murcia
Prov. de Valencia, Aragón y Baleares



[1] Cfr. Art 1,2 Constituciones Generales.
[2] Cf. Art. 64; 65; 66; 67 Constituciones Generales.
[3] Peregrinos y Extranjeros en este mundo, formación permanente sobre el capitulo IV de las CG. OFM., 2008.
[4] Peregrinos y Extranjeros en este mundo. OFM., 2008
[5] Cfr. Proyecto de Fraternidad Fr. Wenceslao Tomás Rocher ofm. Prov. Valencia, Aragón y Baleares
[6] Cfr. Peregrinos y Extranjeros en este mundo, “no se apropien de nada – actualizaciones”, 2008
[7] Cfr. CC.GG. 20 §2
[8] cfr. CC.GG. 28 §2
[9] cfr. CC.GG. 80 §1
[10] UltV 1s
[11] Del proyecto de Fraternidad Contemplativa de Fr. Emilio Rocha Grande ofm. Prov. Castilla.
[12] Del proyecto de Fraternidad Contemplativa de Fr. Emilio Rocha Grande ofm. Prov. Castilla.
[13] Cfr. Proyecto de Fraternidad Fr. Wenceslao Tomás Rocher ofm. Prov. Valencia, Aragón y Baleares
[14] Del proyecto de Fraternidad Contemplativa de Fr. Emilio Rocha Grande ofm. Prov. Castilla
[15] Del Ministro General - Capítulo de las Esteras, Madrid, 2012.
[16] Hech 5,19-20: pero el Ángel del Señor les abrió las puertas, los sacó de la prisión y les encargó: Vayan… y anuncien al pueblo este nuevo modo de vida
[17] Cfr. Del proyecto de Fraternidad Contemplativa de Fr. Emilio Rocha Grande ofm.
[18] Cfr. Proyecto de Fraternidad Fr. Wenceslao Tomás Rocher ofm.

jueves, 24 de mayo de 2012

Volver a elegir la vida

Lo decisivo en cualquier etapa de la vida, es volver a abrazarse a ella como si acabáramos de nacer, como si fuera la primera y única oportunidad de la que vamos a disponer en adelante. Es volver a elegir la vida.
Volver a elegir la vida es saber que solo desprendiéndonos de lo viejo podemos alcanzar lo nuevo. el peligro mayor que tenemos que afrontar es nuestra incapacidad de hacer lo que hacemos con total seriedad, de tomar en serio el momento que vivimos, porque ésa es la única tarea verdaderamente importante y religiosa de nuestra vida: aprovechar el instante con el corazón. Lo que demuestra que hemos elegido hacer lo que deseamos de verdad con nuestra vida.
Elegir de nuevo, en cada instante, la vida que en un momento dado hemos elegido es lo único que la salva de todas las inquietudes, tanto del más allá como del más acá. Vivir con intensidad lo que vivimos, aferrarnos al instante como si fuéramos eterno es lo que nos produce el gozo verdadero de vivir. Para vivir con intensidad lo que somos y lo que hacemos, es preciso que nos afirmemos en la libertad soberana a la que pertenecemos.
Sólo quién elige la vida en cada instante vive de verdad y se construye como señor de lo que es y lo que hace. Para ello es necesario que nos volvamos a hacer la pregunta sobre lo esencial de nuestra vida: ¿cuáles son nuestras ganancias? ¿y cuáles son nuestras pérdidas?
No podremos desprendernos de lo extraño que nos lastra si no nos preguntamos con seriedad sobre el balance de nuestra vida. Como arcilla entre las manos del Alfarero, deberemos saber que el cacharro que sale mal hay que deshacerlo y volver a empezar. Aquí está la clave para tener futuro: en nuestra capacidad de tirar a la basura los odres viejos praa que no revienten con el vino nuevo que queremos conservar en la bodega del corazón.
Nuestro deseo de ser arrabatado por el fuego amoroso de Dios no nos dejaba ver lo fundamental: ¡es terrible caer en las manos de Dios Vivo! Para dejarnos hacer por el Alfarero necesitamos un corazón humilde y sencillo. Porque su amor, como un fuego ardiente encerrado en los huesos nos quema por dentro y nos hace poco a poco transparentes como el cristal para gloria de su amor y de su gracia. Verdaderamente, este es el desafio: dejarnos pulir el corazón por sus manos amorosas para transparentar, sin velos, su propia gloria.

Xavier Quinzá LLeó, sj.

martes, 22 de mayo de 2012

Comisión de redacción del Proyecto Porciúncula



 Como si de un niño pequeño se tratase, que crece y crece, el Proyecto Porciúncula, cada día que pasa, va pidiendo más reflexión, más implicación y muchas ganas de plasmar en la realidad lo que queremos vivir todos juntos en esta nueva etapa.
Para ello, una vez recogido el trabajo de las comisiones,  las sugerencias de los Ministros Provinciales y, hecha una primera recopilación de todo el material por parte de los responsables de las dos áreas de formación y evangelización, los Ministros Provinciales de la unión, han decidido nombrar una comisión para redactar con todo el material recogido el primer borrador del Proyecto Porciúncula.

Los hermanos que componen esta comisión son: Fr. Jesús Hernández como Provincial, Fr. Emilio Rocha por el área de la Formación y Estudios y, Fr. Onofre Núñez por el Grupo Dinamizador y área de Evangelización.
Y ya han empezado su tarea, se reunieron con el grupo dinamizador el pasado lunes en la casa del estudiantado comun en Murcia, desde aquí le deseamos un fructífero trabajo. ¡Gracias hermanos!

lunes, 7 de mayo de 2012

Una nueva propuesta....


Francisco, repara tu casa
Proemio

Más que presentar un Proyecto articulado y complejo, desearía que nos propusiéramos retomar una forma de vida sencilla, fraterna y solidaria, como San Francisco deseó y propuso inicialmente a sus hermanos. Lo que aquí expongo va en esa dirección y sentido.

Vida
Ya que cada uno de nosotros somos templos, iglesias donde el Don de Dios habita y en las que Le hacemos un hueco y en las que iluminamos, desde la fe, con la oración, cada persona excluida, pobre, desanimada o necesitada, debería encontrar en nuestras fraternidades un grupo de hermanos y menores.
Cuado era joven, el Señor me ofreció una experiencia única en la Fraternidad Franciscana Seglar. Con ellos fui a abrir casas donde acoger a los pobres, con necesidades de todo tipo, desahuciados, sin medio alguno. Abrimos varias casas sin recursos, donde todos vivíamos de la Providencia, teniendo muchas veces que ir los sábados a pedir por los mercados. Pero nunca nos faltó nada – ni comida ni dinero para pagar el alquiler – y, como recogíamos a los transeúntes, la gente que sabía lo que hacíamos, nos traía siempre algo.
Realmente se acogía a todos, sin mirar credo ni historia, y se les daba aquello más básico que se necesitaba – ducha, plato y colchón – pero también atención y escucha. “Dios no abandona a sus hijos, y menos a los que nada tienen”. Se acogía a enfermos terminales sin recursos… los pobres de verdad que, aunque se saben desahuciados, ponen su confianza en Dios en lugar de maldecir y piden, con toda humildad, los auxilios espirituales.
Quien les da pan y se desvive por ellos, en ese confían. Y a él es a quien pedirán el alimento del espíritu. Dar los sacramentos es importante, pero antes tienen que ver como comes y compartes tu vida con ellos. Por tanto es importante dar de comer, pero con tu vida hablar a la vez de Dios, para que sepan pedirte el pan de la Vida eterna.

FORMA

Hoy, más que nunca, estoy convencido que los Hermanos Menores tenemos algo concreto que aportar a nuestra sociedad: estar en medio de la gente. Somos los “frailes del pueblo”, como nos llamaban antes y el beato Juan Pablo II ha recalcado. También en los recientes documentos del Ministro General nos habla sobre este sentido de la Fe: compartir esperanzas y también la Palabra.

Es necesario preguntarse si nos fiamos todavía de la Providencia. Desde mi propia experiencia puedo asegurar que la Providencia no me ha faltado nunca, pero para eso hay que ponerse a prueba, hacer lanzarse sin miedo a lo nuevo y desconocido. No es lo mismo hablar que llegar a la hora de comer y no tener nada, y que llamen a la puerta en ese momento trayendo comida… También en la sociedad hay hambre – no solo de alimentos, a lo que hemos vuelto – sino de ser escuchados, queridos y aceptados.

Por todo esto, sueño una Fraternidad de cuatro a seis hermanos, donde sea posible abrir la puerta – en sentido literal – a todos, con un comedor, ropero, asistencia y capaz de acoger incluso a los que, en este momento, se están quedando en la calle porque les embargan la casa.

Una Fraternidad donde la capilla sea más frecuentada, no solo por los frailes, sino abierta para compartir todos la oración y la Eucaristía, donde la propia Fraternidad realice su trabajo de manera sencilla y abierta. Una Fraternidad donde los hermanos salgan, cada día, de dos en dos, y se dialogue mucho y se refiera más frecuentemente la experiencia de Dios.

Sería necesario que dentro de esa Fraternidad hubiera también un espacio para acoger a los padres de los Hermanos, para facilitar a aquellos hermanos que están ahora en sus casas cuidando de sus padres no-validos, que puedan ellos mismos vivir en Fraternidad y hacer la vida regular, sin descuidar a los que dice San Francisco son “padres y madres de todos los Hermanos”.

Muchos pilares de esta Fraternidad están ya expresados en nuestras Constituciones. Pero puede ser importante subrayar aún:

-       La Fraternidad, vivida y no solo supuesta.

-       El cuidado de la formación y una formación específica.

-       El trabajo manual de todos, empezando por el trabajo doméstico.

-       Una experiencia de Dios compartida en la Lectio divina

-       La atención a la oración personal y la relación con Dios.

-       La adoración frecuente de Jesús Sacramentado, presente entre nosotros.

-       Y sobre todo una visible confianza en la Providencia, como sustento de la vida.

-       Apertura a todos y respeto…

Nuestro comedor estaría siempre abierto a quien se presentase buscando comida… Una hora al día y servido por los propios Hermanos, ayudados de nuestros seglares. Además, si hay necesidad en el entorno, poder atender a las personas mayores y solas en sus casas.

También sería una Fraternidad misionera e itinerante, visitando los pueblos cercanos, dos a dos como Francisco y León, y anunciando con nuestra vida al Señor resucitado.

Puede que esto se viva ya en muchos sitios, pero no lo conocemos. Yo expreso la necesidad de manifestar – a través de nuestro estilo de vida – lo que somos y queremos. El Señor nos muestre el camino.

Gilet, Mayo 2012.

Fr. Wenceslao Tomás Rocher ofm
Provincia de Aragón, Valencia y Baleares 
wenceslaotomas@yahoo.es

miércoles, 2 de mayo de 2012

DINÁMICAS QUE REVITALIZAN LA VIDA



 “La crisis nos obliga a revisar nuestro camino,
a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso,
 a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas.
De este modo, la crisis se convierte
en ocasión de discernir y proyectar
de un modo nuevo”
(Caritas in Veritate n. 21)

Pina del Core, salesiana, profesora de psicología y vicepresidenta de la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación de Roma,  nos ofrece una interesante reflexión sobre el tema de la reorganización. Apuesta por seis dinámicas que nos ayudan a que la crisis que vive la Vida Religiosa sea una nueva ocasión para discernir, proyectar y vivir de modo nuevo nuestra vocación.


DINÁMICAS RE-GENERADORAS DE UNA ORGANIZACIÓN QUE CAMBIA

El cambio constituye una dimensión constante del vivir, a nivel social y civil, sobre todo en el ámbito profesional. Es la característica típica de una sociedad “líquida”, donde la movilidad ha sustituido a la estabilidad, donde es cada vez más difícil delimitar los perfiles de cualquier realidad, tanto individual como colectiva.
El gran reto, a este punto, es la gestión del cambio a todos los niveles: afecta al individuo, a cada una de las personas, los grupos, las instituciones, las comunidades.
Una gran cantidad de señales nos hacen comprender que, en esta situación, solamente un sujeto (individuo o institución) capaz de pensar que el cambio no es algo que hay que sufrir sino más bien un “vivero” de oportunidades, un espacio nuevo de posibilidades, solamente un sujeto así podrá atraversar la tormenta o la confusión en que estamos sumergidos sin demasiadas “pérdidas”, o sea, sin perderse a sí mismo y su identidad, sus talentos y recursos, sus valores, contribuyendo a mejorar y a renovar el ambiente en el que trabaja y al que pertenece.
Moverse en una sociedad “voluble” y en perpetuo cambio, en la que el valor de la oportunidad, de la movilidad parece oscurecer el de la fidelidad y la pertenencia, exige que los sujetos hayan madurado una identidad y pertenencia claras, incluso a través de la experiencia de una calidad de vida y de relación al interior de una comunidad.
A nivel individual, el cambio, como enseña la psicología evolutiva, es una de las coordenadas esenciales del crecimiento: crecer significa cambiar, y esto vale tanto para el crecimiento humano cuanto para el crecimiento vocacional y espiritual.
La vitalidad de un instituto o de una comunidad religiosa, considerada desde el punto de vista de la organización, se funda sobre las personas, sobre la personas que hayan interiorizado el cambio como condición del vivir cotidiano, que hayan aprendido lo que significa flexibilidad, sabiendo captar las oportunidades que pro-ceden de la realidad mutable, de la fluidez de las funciones y las tareas, personas que cuando son llamadas a tareas de responsabilidad son capaces de dar vida a una leadership con autoridad moral, participativa, humilde, abierta a la colaboración.

¿Cuál es el secreto? ¿Cuáles son las reglas y los criterios que hacen posible no sólo conservar la vitalidad, sino sobre todo aumentarla y regenerarla cuando sufre un momento de parálisis? ¿Cuáles son las condiciones que permiten a una organización potenciar su carga de energía vital, abriéndose al futuro?
Intentaré hacer un elenco de algunos elementos esenciales para la vida de toda institución y para la buena marcha de una organización, y que, en una comunidad religiosa, son un dato a veces implícito, aceptado como algo “natural”, y de los que no siempre se toma una conciencia suficiente.

1.PERTENECER Y ACTUAR EN LA ORGANIZACIÓN RELIGIOSA
En el corazón de todo grupo humano o comunidad, donde se vive y se trabaja juntos, con una misma visión y misión, se encuentra la experiencia fundamental del pertenecer. Uno de los temas hoy más frecuentes en las realidades organizativas, tanto privadas cuanto públicas, es el del sentido de pertenencia que nace de la experiencia de la identificación con los valores, las finalidades, las relaciones con las personas que forman parte de la institución. Se expresa a través de la participación y la implicación personal y, a nivel emotivo, a través de un sentido de “orgullo” de pertenecer a la institución. Esto conlleva otros elementos, como la confianza, el placer, la motivación, el reconocimiento y fuertes motivos de pertenencia, que favorecen en las personas la disponibilidad a poner en juego todos sus recursos para compartir las opciones y los proyectos de la institución.
Se sabe que, en las dinámicas organizativas, las organizaciones, fruto de un motivo ideal, viven o “sobre-viven” gracias a la presencia de personas que estén fuertemente motivadas, las cuales, precisamente por ello, logran mantener alto el clima y la cultura de la organización. Cuando llegan los momentos de crisis y decae el entusiasmo por el ideal, son las personas más motivadas quienes reaccionan y hacen crecer la motivación de todos los otros miembros, y, así, guían el cambio.

2.¿QUÉ CULTURA Y QUÉ COMUNICACIÓN INTERNA?
Frente a la nueva demanda de comunicación, que hace referencia a instancias de pertenencia, de relaciones personalizantes, a la necesidad de reconocerse continuamente para no perder la propia identidad, de sentirse seguros mediante lazos profundos vista la creciente provisionalidad, la comunidad, en cuanto organización con sus interacciones y modalidades relacionales propias, debe encontrar un nuevo modo de comunicación interna, que haga posible la convivencia con la multiplicidad de funciones y de pertenencias a las que son llamadas las personas, en el juego de las responsabilidades personales y de la novedad del Espíritu.
La dimensión relacional y comunicativa representa un punto de referencia significativo e insustituible en los estudios sobre las organizaciones, sea empresariales, sea educativas o religiosas, que puede aumentar la vitalidad de un organismo, pero también bloquear su dinamismo e iniciativa.
En el ámbito del management o de la psicología del trabajo o de la orientación, junto a la dimensión relacional se han identificado otras cuatro dimensiones, que constituyen los puntos cardinales de un nuevo modo de concebir el trabajo y la comunicación interna en el contexto empresarial: dimensión plural/compleja, dimensión subjetivo/autobiográfica, dimensión ético/valorial, dimensión estético/afectiva.
Es interesante notar la recuperación, a nivel de las ciencias psicológicas y sociológicas, de la dimensión ético/valorial y de la dimensión subjetivo/autobiográfica, que muestran la valoración de la centralidad de la persona y de los valores ideales de los que es portadora y en torno a los cuales construye su identidad.

3.UNA CLARA IDENTIDAD VOCACIONAL (VISIÓN) Y UN MANDATO COHERENTE (MISIÓN)
En un escenario de gran complejidad y de fragmentación difusa, la vitalidad y buena salud de una organización dependen de su capacidad de expresar y de mantener firme la propia identidad en coherencia con sus fines institucionales y con su visión de la realidad, y también con los principios que la sostienen y los valores vocacionales que dan sentido a toda actividad
o finalización.
¿Qué significa, entonces, dar vitalidad a las comunidades religiosas para que sean re-significadas en su ser y en su actuar? Quiere decir, ante todo, dar vitalidad vocacional, o sea, hacer que la vocación vuelva a encontrar su razón de ser profunda en la misión, en la tarea eclesial o civil que le ha sido confiada. Significa hacer que la espiritualidad dé unidad y sentido a la vida: no podrá haber una tarea o misión significativa sin el núcleo central que mueve todo.
En términos organizativos, esto implica privilegiar las relaciones, cultivar la apertura de las comunidades y comprometerse a una continua reconversión de cuanto existe, con audacia creativa.
Además, desde el punto de vista de la gestión, es importante promover la creación de lugares/espacios de diálogo, de escucha, de confrontación, no solamente para compartir los valores e ideales, sino también para proyectar y verificar el camino personal y comunitario, la acción educativa y pastoral, de manera que sea posible re-centrar el propio ser y el propio actuar en torno al núcleo y al sentido profundo de la propia vocación-misión.
4.UN ESTILO DE GOBIERNO (GOVERNANCE) ESTABLE Y DEFINITIVO
Es importante, para un buen funcionamiento de una organización, cuidar la governance, para que sea cada vez más participativa e implique en sus decisiones a todos los miembros de la comunidad. Esto exige que, como punto de partida, haya un fuerte sentido de pertenencia, además de la tensión hacia el ideal y la búsqueda de la calidad de la vida y de las relaciones. Exige la presencia de una regla y de reglas que estén bien definidas, que sirvan como punto cierto y horizonte de referencia a la hora de asumir las decisiones y en coherencia con el carisma-vocación.
Un buen modelo de governance tiende a conducir a la unidad las exigencias de los individuos y los valores vocacionales de la comunidad, favoreciendo la coherencia entre los diversos miembros responsables y los objetivos para los que nació la institución y que justifican su existencia.
Además, sobre todo por parte de los responsables de la animación y de la coordinación de la comunidad, no puede faltar la atención a vigilar algunas áreas de compromiso personal y comunitario que manifiestan su proyectualidad para una calidad de vida y de misión.
Se presupone, pues, que las actividades y tareas operativas sean definidas y reconocidas por todos, y sobre todo que se valoren los recursos.
5.UN CLIMA Y UNA CULTURA ORGANIZATIVAS
Un índice de calidad y vitalidad de una organización es el “clima”, la atmósfera que se res-pira dentro del grupo o de la comunidad. Efectivamente, el clima es lo que condiciona todo cuanto sucede en la institución, desde el desempeño de la propia tarea-misión, hasta la relación con los superiores y los colegas. Se sabe por experiencia que un buen clima, sobre todo relacional, permite alcanzar con mayor facilidad los objetivos y obtener buenos resultados en el trabajo. Así se comprende porqué se puede facilitar una buena gestión si en la comunidad religiosa se crean buenas relaciones de fraternidad y de comunión, que hallan el pro-pio fundamento en la fidelidad a los ideales y a los valores evangélicos profesados.
En una perspectiva organizativa, es también importante poner atención a las dotes culturales de la comunidad religiosa. O sea, hay que preguntarse: ¿cuál es la cultura organizativa que cada comunidad expresa, de manera explícita o implícita, a través de sus opciones, sus comportamientos, sus prioridades? O sea, ¿cuáles son los valores, las convicciones de fondo, las creencias y los significados comunes y compartidos, cuáles son, a fin de cuentas, las concepciones del mundo y de la realidad, de la persona, del tiempo y del espacio, de los estilos de convivencia y de las relaciones interpersonales, que orientan el actuar de las comunidades?

La experiencia dice que, frecuentemente, la raíz de los problemas es de naturaleza cultural, o sea, depende de la manera de concebir la realidad y de percibirse a sí mismos en relación a esa realidad.

6.LA FUNCIÓN «NARRATIVA» EN LA ORGANIZACIÓN DEL INSTITUTO Y DE LAS COMUNIDADES

Quisiera subrayar un último aspecto, aunque habría otros muchos que merecerían atención, relacionado a lo que constituye el núcleo central de toda institución, y más aún de un instituto o comunidad religiosa. Sin memoria, sin narración, no existe construcción de identidad: esto vale a nivel de desarrollo individual, y también a nivel comunitario o institucional.

Para volver a la riqueza y vitalidad de un carisma, como estaba presente en los orígenes de un instituto, es necesario “hacer memoria”. Esto significa, ante todo, no tanto recordar fechas históricas (celebrar aniversarios), ni tampoco “rescribir” la historia (lo cual me parece muy importante para la memoria), sino más bien tomar conciencia del valor simbólico del pasado a través de la narración de algunos testigos privilegiados, como por ejemplo los fundadores, que en su experiencia vocacional han vivido e interpretado los valores del seguimiento y han sabido transmitirlos a las nuevas generaciones. Su “sueño” originario, hecho realidad en la vida de las primeras comunidades del Instituto, sigue inspirando a los individuos y a las comunidades en la medida en que haya personas “carismáticas” que sepan “narrar”, con la vida más que con las palabras, el don recibido.

“No es lícito definir utópico
algo en lo que todavía no hemos
puesto a prueba nuestra fuerza”
(Martin Buber)